La Tierra del 2195

Finales del siglo XXI. La Humanidad se encuentra en la recta final de su existencia. La Federación Internacional es un sistema formado por la Tierra, las colonias lunares, Marte, las ciudades amuralladas del Continente y las exclusivas ciudades orbitales que sobrevuelan el planeta a 35.786 kilómetros de altura. La Tierra es un mundo gris, enfermo y decadente en el que viven hacinados doce mil millones de seres humanos. Sesenta millones de ellos no tienen nada más que moscas y basura para llevarse a la boca y ocho millones de toda la población mundial está enferma. En tan solo un siglo la Tierra ha experimentado los cambios que los científicos pronosticaban para los próximos trescientos años. Los altos niveles de CO2 en la atmósfera la han vuelto irrespirable y han convertido el planeta en un horno, con cinco grados más de temperatura que a principios de siglo.

El hielo ya no existe, ni en Groenlandia ni en la Antártida. Todo el permagel de Alaska se encuentra derretido y la cubierta perenne de hielo marino del Ártico se encuentra desaparecida. A mediados de siglo tras un aumento del nivel del mar de más de 20 metros ciudades como Venecia, Ámsterdam o Nueva York quedaron bajo las aguas. La sociedad se ha vuelto auto-abastecedora ya que los recursos naturales del planeta están casi extinguidos.

Una parte del planeta se ahoga en agua y la otra mitad se muere de sed. Cada año se producen lluvias frecuentes y torrenciales en el delta del Mississippi, el delta del Ganges y la cuenca del Támesis mientras países como Mozambique, Tanzania, Angola o el Califato del Norte de África no han conocido la lluvia en décadas. El Mar de Aral está seco, el lago Chad es un desierto y la cuenca del Jordán está completamente árida.

El 98% de las partes no sumergidas de la Tierra han sido transformadas directa o indirectamente por la especie humana. La agricultura se ha vuelto global y selvas como la de Sumatra o Borneo han sido transformadas en terrenos cultivables. Zonas agrícolas del Reino Unido, Irlanda y Holanda abastecen los principales mercados militarizados del Continente.

El 37% de las especies de animales y plantas que hasta el 2100 poblaban el planeta se han extinguido. El otro 72% sobrevive en zoos y en granjas de animales destinadas al consumo humano.

El viejo y enfermo rey Sol emitió a mediados del siglo XXI una poderosa llamarada solar que incapacitó a Estados Unidos y afectó a los ciudadanos de todo el planeta: La ingente cantidad de radiación ultravioleta que la atmósfera no pudo absorber provocó cambios en las cadenas de ADN de millones de seres humanos. La evolución se abrió camino y las mutaciones genéticas se fueron dando de forma cada vez más regular hasta el punto de que la nueva frase de moda para ligar se convirtió en "¿Y tú qué mutación tienes?". La discriminación racial dio paso a la discriminación genética y en la actualidad los mutantes son los nuevos parias de una sociedad que ya no solo discrimina por el dinero, la raza, el sexo o la religión sino también por los genes.

La Primera Guerra Civil Mundial fue un auténtico choque de civilizaciones no por el control de la Tierra o por la defensa de las fronteras sino por el control de los últimos recursos naturales del planeta. Las viejas alianzas y los antiguos credos se han perdido, nuevas religiones han nacido de un mundo sin esperanza y la economía se ha redistribuido creando nuevas potencias mundiales.

Hacinados campos de refugiados climáticos, llamados Campos de Tránsito, operan a las puertas de las principales ciudades del planeta. En los campos de América del Norte miles de familias esperan tras el Muro Trump formar parte del cupo de inmigrantes que algunos países permiten entrar mensualmente.

La piratería ha regresado con fuerza. Navegar por los mares de la Tierra y por el espacio ya no es seguro para nadie. Grandes plataformas petrolíferas abandonadas sirven como base a los piratas del mar, armados hasta los dientes y dueños de antiguos submarinos procedentes de los ejércitos de la Tierra.

El lanzamiento del Arca II a los confines del Universo, una nave con el ADN de todas las especies vivas del planeta Tierra a bordo, confirmó que la Humanidad está casi extinguida. Para sobrevivir el Hombre se ha visto obligado a crear otros mundos artificiales como gigantescas ciudades orbitales que dan la vuelta al planeta en 23,5 horas. La Luna es el octavo continente, actualmente en lucha por su propia independencia y Marte es la última gran esperanza para la Humanidad.

El planeta rojo se encuentra en pleno proceso de aeroterraformación, cubierto por una gigantesca esfera artificial de kevnio, diafeno y metal que lo envuelve para cocinar una nueva atmósfera. Desde principios del siglo XXII introduce en el planeta gases de efecto invernadero y clorofluorocarbonos para atrapar calor del Sol y radiación infrarroja y convertir Ozono en Oxígeno. Sobre el propio Marte grandes fábricas inyectan grandes cantidades de CO² a la atmósfera, gigantescos transformadores y plantas fotosintetizadoras lo convierten en Oxígeno y animales de laboratorio liberan a la atmósfera de forma natural CO² y metano. En el interior del planeta su corazón de hierro congelado se derrite poco a poco y algún día provocará que recuperare su campo magnético natural.

Para tratar de sobrellevar la deprimente realidad que rodea al Hombre, el entretenimiento, el placer y las drogas se han llevado a los extremos. La última moda son los viajes en el tiempo, una forma rápida y barata de volver a vivir las épocas doradas de la Humanidad. Grandes empresas privadas como "Aevum" monopolizan el mercado de los viajes temporales y compiten con trasladores independientes apodados "extractores". Prohibidos en muchas ciudades-estado, éstos mercenarios del tiempo reviven nuestra Historia sabiendo que cada salto puede convertir su presente en un recuerdo y su futuro en un universo totalmente nuevo.

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