Destinos únicos

Recorre los templos de la Grecia clásica, ve una lucha de gladiadores en el Coliseo de Roma, vuela en el Hindenburg o descubre la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial. ¡Atrévete a viajar por el tiempo!

Trato VIP

Para nosotros no hay viajeros de primera o de segunda clase. Alojamiento en los mejores hoteles y traslados en primera clase tanto en destino como en nuestras instalaciones de Guernsey Island los días previos a tu salto temporal.

Recuerdos

Lentillas de información personalizadas, cámaras "POV" y cámaras camufladas en destino permitirán que regreses a casa con cientos de recuerdos audiovisuales de tu aventura por el pasado. ¡Se acabó el preocuparse de cómo salen tus selfies!

Guías-ángeles

Los viajeros del tiempo que te acompañarán son expertos en Historia y defensa. No sólo te permitirán disfrutar del pasado con seguridad sino que se asegurarán de que interactúes con cualquier persona y personaje histórico sin quebrar el contínuo espacio-tiempo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Berlin. 1943.


Desde que en 1985 vi la película Regreso al Futuro he querido poder viajar por el tiempo. Han tenido que pasar 33 años para que la evolución tecnológica haya permitido que se pueda hacer con seguridad. No es ciencia-ficción, es ciencia real. La he visto con mis cinco sentidos: He visto calles y edificios ya desaparecidos; he olido los aromas florales de la vida y la pestilencia de la muerte; he oído voces de las que solo queda el eco; he degustado sabores ya perdidos; he tocado objetos que ya no existen; he viajado por el tiempo hasta la Segunda Guerra Mundial.

Cuando me hablaron de Aevum Corporation Ltd, una empresa británica que realizaba viajes por el tiempo no me lo creí. Pero tras hablar con una de sus agentes turísticas (gracias Miriam) y ver sus vídeos promocionales (su recorrido en VR por el desembarco de Normandía aún me pone lo pelos de punta) la posibilidad de viajar físicamente por la Historia se fue haciendo cada vez más real. Viajar por el tiempo no es barato pero es una experiencia que te cambia la vida.

Para mi primer viaje elegí un viaje exprés de apenas tres días al Berlín de 1935 para conocer la ciudad antes de que fuera destruida por los aliados. Mi guía, a quien llamaré J, me dijo que por mi especial interés por la guerra iríamos a Berlín pero a un año que no me revelaría hasta estar allí. Confié en él y de los tres días, uno  lo pasé en la base de operaciones de Aevum en Guernsey recibiendo instrucciones y preparándome para el salto.  La comodidad de las instalaciones me sorprendió: todos reciben el mismo trato y no hay viajeros de primera o de segunda clase. "Todos en Aevum son VIP" tal y como el fundador de la empresa decía en su vídeo promocional. Al menos en Guernsey; en el pasado continúan diferenciando entre alojamientos de primera, segunda y tercera clase pero como parte de la experiencia.

El viaje resultó tan instantáneo como el de Marty hacia 1955 pero el mío fue aún más atrás. Hasta el Berlín del 23 de noviembre de 1943. El primer día en el pasado lo pasamos visitando la zonas que tantas veces había visto en películas y documentales pero las reales, no las reconstrucciones para la ficción. El momento estrella, aparte de la visita a la amplísima Unter den Linden frente a la Puerta de Brandenburgo (llena de edificios ya desaparecidos) fue visitar la iglesia Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche intacta. Antes de que fuera destruida por los aliados la iglesia era muy popular y en ella, además de las típicas bodas, bautizos y funerales, se daban conciertos y otros eventos seculares.

En su interior, tras el altar, se erguía la figura de un Cristo que se tocaba el pecho con la mano izquierda, cobijado bajo un pequeño templete con arcos y columnas e iluminado con grandes velas. La figura sería testigo de cómo las bombas aliadas lo destruían todo a su alrededor, vería el hambre y la separación de Berlín pero también su reconstrucción. En el siglo XXI, tras haber sido colocada en un lugar privilegiado en las ruinas de la iglesia, contemplaría pasar ante sí diferentes generaciones de personas con credos y orígenes muy diferentes. La figura de Cristo perdería su brazo derecho pero en 1943 pude verla intacta, contemplando con humildad a los feligreses que rezaban frente a ella en silencio.

Al salir continuamos visitando el Berlín de 1943. En muchas zonas nos pedían algun tipo de indentificación pero tanto mi guía como yo íbamos perfectamente camuflados como agentes de la Kripo, un disfraz que despertaba más miedo que sospechas. La verdad es que hubiera preferido visitar otro año para no ver tantos edificios derruidos y caras tristes por la guerra. La destrucción que veia en las calles berlinesas era desolador pero para no deprimirme pensaba que una parte de ellos eran nazis, que habían tirado piedras contra escaparates judíos o que tenían a un familiar en las SS o luchando contra los aliados. Al fin y al cabo había venido para ver arquitectura, no personas. Por suerte Berlín aún brillaba entre las sombras y a pesar de la presencia militar y la escasez de víveres y combustible la ciudad aún era una joya que merecía ser visitada.

Pasé la noche solo en una casa vacía en la que según mi guía no entraría nadie. Antes de marcharse J me dijo que pasara lo que pasara y oyera lo que oyera no saliera a la calle y no le abriera la puerta a nadie. Él vendría por la mañana para continuar el tour. Me llamó la atención la puerta de entrada, bloqueada por escombros. La casa de al lado había recibido el impacto de una bomba y parte de ella había caído sobre mi "hotel". Recuerdo que le pregunté a  J si la casa era segura. Antes de marcharse se giró y me dijo: "No te preocupes, seguirá en pie mañana por la mañana". Al regresar a mi tiempo sabría por qué lo dijo con seriedad e incluso tristeza.

Aproveché la noche para cenar pan duro, salchichas frías y cerveza caliente mientras revisaba las fotografías y vídeos que había capturado por el día con mi dispositivo de grabación personal (prestado por Aevum a todos sus clientes como parte del equipo). La tranquilidad no duró mucho.

Las alarmas antiaéreas empezaron a sonar y poco después el ronroneo de los bombarderos aliados sobrevoló nuestros tejados. El eco de las explosiones hacía temblar los cristales y hasta el suelo. Cada vez que oía el silbido de una bomba rezaba para que no me alcanzara y cuando se oía el sonido de la explosión me invadía una mezcla de alivio y tristeza por los que la habían sufrido. Me asomé a una de las ventanas y vi personas corriendo buscando refugio o deambulando sin rumbo y animales sueltos, muchos animales. Ratas, caballos, perros, gatos... Una niña pasó caminando abrazando su oso de peluche y se me partió el alma. ¿Dónde estaban sus padres? Estuve tentado de salir pero estaba paralizado por el miedo. Sirenas de toda clase ululaban en la oscura noche como demonios desamparados cantándole a la muerte.

Horas después (¿o fueron días?) el bombardeo se detuvo pero no el desasosiego por si los pájaros de la muerte volvían o por si mi "hotel" era asaltado por berlineses en busca de refugio. Cuando el Sol rompió las tinieblas de la noche y lo que quedaba de Berlín vio amanecer un nuevo día de guerra regresó mi guía.  Antes de verle la cara creía que era alguien en busca de un nuevo hogar y a punto estuve a punto de golpearlo con un trozo de madera. Apenas había podido dormir en toda la noche y estaba empapado de sudor, no por el calor sino por el miedo, y tras verle le eché en cara el haberme llevado hasta este Infierno. Me respondió lo que transcribo a continuación gracias a los dispositivos de grabación, no por mi buena memoria:

"Te gusta la guerra pero no sabes lo que es. Para entenderla debes comprender que esta afectó a todos por igual. Se ha estudiado y hablado mucho de los héroes de la guerra, de las hazañas bélicas, de los campos de batalla pero jamás se habla de las ciudades de batalla, de los que luchaban no por un bando u otro sino por sobrevivir. La guerra no fue una película con un final feliz, la guerra fue terrible para todos, incluso para los que posaban orgullosos con medallas en el pecho o sonriendo a una película fotográfica en blanco y negro. Tú te irás hoy pero ellos, todos ellos, lo vivirán no los años de la segunda guerra mundial sino toda la vida. Espero que lo recuerdes cuando regreses a casa y vuelvas a tus libros y a tus documentales. Y ahora descansa un poco, aún tenemos varias horas hasta que salgamos y veamos cómo ha quedado Berlín."

Asentí con la cabeza. Yo podía escapar, ellos no y no era justo. Tras un par de horas continuamos viendo la ciudad pero no de la misma manera, no con los mismos ojos. Ya no veía nazis sino supervivientes. Sabía que la guerra tendría un alto coste para muchos de ellos, sobre todo para ellas. Muchas serían violadas por los conquistadores y estigmatizadas de por vida. La peor visita fue ver una especie de tablón de anuncios de personas desaparecidas que no había visto el día anterior. Muchos de ellos eran niños. Tomé un par de fotografías para inmortalizar sus nombres y sentí que me tocaban el hombro. Pensaba que sería un policía uniformado llamándome la atención por fotografiar aquello y me giré para pedir disculpas. No podía estar más equivocado. Una mujer con la cara tiznada sujetando la fotografía de una niña me dijo algo en alemán. Supuse que la estaba buscando. Me impresionaron sus grandes ojos claros, tan llenos de vida y esperanza en el momento de la fotografía y no pude evitar pensar que ahora podrían estar llenos de muerte. Apreté los dientes para no romper a llorar y negué con la cabeza. Al instante recordé la visión de la niña paseando con el oso de peluche que había contemplado desde mi "hotel". ¿Y si era ella? ¿Y si la podía haber salvado y no hice nada? Su imagen deambulando por la ciudad abrazando aquel oso de peluche aún me atormenta y siempre lo hará. La mujer sonrió con tristeza, colocó la fotografía en el tablón y enganchó un papel con su dirección al lado. Se dio un beso en la mano y la colocó con ternura sobre la imagen de la niña.

J leyó mis pensamientos y me dijo: "Vamos, tenemos algo que hacer antes de marcharnos. Sígueme".

Mi guía me llevó a un patio interior oculto de la vista de los transeúntes donde estaban reunidas decenas de personas. A pesar del bombardeo parecían estar alegres y parecían estar celebrando una fiesta.

"No te muevas de aquí. Oír, ver y callar. No te preocupes, no tardaré" me dijo antes de internarse en el patio. Se acercó a una joven, la que parecía estar hablando con más personas al mismo tiempo, se sacó algo del interior de la chaqueta y le entregó una extraña rosa con varios colores. La chica se quedó inmóvil unos segundos hasta que se lanzó a su brazos. Su abrazo pareció durar horas. Pensaba que eran amantes hasta que la joven le presentó a otro chico. Los tres se quedaron hablando y me retiré al pasillo que conectaba el patio interior con la calle. Diez minutos después J regresó conmigo. Su rostro ya no reflejaba determinación y seguridad sino tristeza.

"¿Amigos del pasado? ¿Qué hacen aquí? No parecen muy afectados por el bombardeo"

"Son judíos ocultos y algunos de sus cuidadores"

"¿Me tomas el pelo?"

"Muchos alemanes ocultaron judíos durante la guerra. Deberías saberlo"

"No lo sabía... ¿Y qué hacen aquí? ¿Una fiesta?"

"La chica a la que he saludado... Hoy es su boda..."

Mi guía encendió un cigarrillo y siguió hablando: "La conocí en 1938 cuando acompañaba a un grupo de historiadores a los días previos a la kristallnacht. Vendía flores en la calle. Su máxima aspiración, por así decirlo, siempre había sido casarse y formar una familia. Le prometí que sabía que todo saldría bien y que el día de su boda le traería una flor que nunca hubiera visto y que nunca se marchitaría. Hoy es ese día"

"¿Y eso de oír, ver y callar?"

"Tranquilo, no habrá consecuencias para la Historia... Para ella hoy es el día más feliz de su vida... y el último. Esta noche habrá otro bombardeo y todos ellos se convertirán en ceniza."

J le dio una larga calada a su cigarrillo. Vi que lo hacía para no romper a llorar. Exhaló el humo lentamente, tiró el cigarrillo y mientras lo aplastaba añadió: "Oir, ver... y callar."

Tardamos en volver a hablar y cuando se dirigió a mí fue para avisarme de que debíamos regresar a nuestro tiempo. De nuevo en la isla de Guernsey de la que habíamos partido Aevum me ofreció la posibilidad de quedarme una noche extra y acepté. Aún no estaba preparado para volver a mi vida. Aún no lo estoy.

Ahora al mirar fotografías y vídeos de la guerra ya no veo épica sino supervivencia. Parece obvio pero a todos se nos olvida que en una guerra no hay vencedores ni vencidos. En una guerra solo hay un perdedor: la Humanidad. Odiar cuesta muy poco, amar cuesta mucho. Seamos generosos y amemos. Es el mejor regalo que le podemos dejar a nuestros descendientes: un mundo en paz.




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lunes, 12 de noviembre de 2018

Galería Figueres Galàctica IV


En el Casino Menestral de Figueres, en un ambiente medieval con instrumentos de tortura, rincones mágicos y el Trono de Hierro a la vista, se reunieron elfos, caballeros, espadachines, aventureros, sabios orientales, pintores de renombre, artesanos steampunk y escritores para mostrar a todos los habitantes de los Siete Reinos sus mejores artes.

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martes, 6 de noviembre de 2018

Figueres Galàctica IV


Cimmeria is coming y llegará a Figueres el próximo 9 de noviembre de 2018. Durante tres días el centro de la ciudad se llenará de cultura de género con exposiciones, ferias, concursos de cosplay, talleres y charlas con las que sacar el "friki" que todos llevamos dentro.

Esta cuarta edición estará dedicada al género de Espada y Brujería. Títulos y formas de narración tan diferentes como las de Conan, Juego de Tronos, Willow, La Princesa Prometida o El Señor de los Anillos tendrán su propio rincón en alguno de los espacios en los que se celebrará Figueres Galáctica.

La saga Aevum de Victor Baldoví, en la que aparecen los míticos caballeros Dragón y la Hermandad de los Caballeros de San Jorge, estará presente en Figueres Galáctica IV solo el próximo sábado 10 de noviembre en el Casino Menestral de 10 a 20h.

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Galería Vila del Llibre Cervera 2018


Cervera se volvió a convertir en Vila del Llibre los días 20 y 21 de octubre de 2018. Aevum estuvo presente los dos días junto con Jaume Palau, autor de las guías cinematográficas "Licencia para viajar" y "De vacaciones por los Siete Reinos" y Marc Catalan, autor del sorprendente "Fragmentos de una musa demente". No te pierdas su galería fotográfica.

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